29.7.08

ILUSION DE EUROS AGONIZANTE







Un día a tu ilusión le asaltan los fantasmas. No , no son esa clase de fantasmas que todos conocemos, son otros, mucho más crueles, más terribles, con un punto de mala leche insospechable para un fantasma.




Expliquemos paso a paso su modus operandis:




1. Fase de seducción. El fantasma intenta llevarte a su terreno, tú intentas hacerte el indiferente, como que no va contigo. Pero él no quiere ni puede dejarte escapar, así que lanza contra ti todas sus armas secretas y acaba llevándote al huerto, colocando un manto de sueños de la "vie en rose" en tu loca cabecita.




2. Fase de engorde. Aquí tú ya estás completamente seducido, has pasado un buen rato revolcándote en las ideas que el fantasma ha metido en tu cabeza, que finalmente acaba floreciendo en ella una gran ilusión. El fantasma, no contento con eso, quiere dar un golpe maestro, de esos que hacen época, y va, y empieza a alimentar esa ilusión a lo bestia. Como no podía ser de otra forma el menú es de buffet y claro, te pones morao de todo y luego tienes una sed imposible de aplacar, lo cual te deja con la tripa llena y el bolsillo vacío.




3. Fase de estacada. El fantasma te deja con los euros del revés pero tú sólo tienes ojos para esa ilusión: "donde pondremos esta ilusión, hay que ver 120 metros de ilusión, la de posibilidades que tiene esta ilusión ¿verdad?" y así sigues, tu cada día con más ilusión mientras el fantasma se regodea en el templo de las ilusiones malditas, planeando el golpe de gracia que deje constancia de su poderío. Y tanto que lo deja. Tú no sientes cómo su puño impacta con tu cabeza, pero lo hace, y fuerte además, caes precipitadamente al suelo. No te duele pero cuando buscas tu ilusión, ya no la encuentras. ¿Se ha ido? Te arrastras con dificultad, la ves, una leve partícula desintegrada. Es lo único que queda. Tu ilusión agoniza, intentas reanimarla pero el fantasma llega por detrás, rápida y violentamente, te arrebata los restos de lo que pudo ser y jamás será.


Tendido en el suelo, incrédulo y a 0 euros, empiezas a sentir el dolor de la pérdida. Mi más sentido pésame.




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